• Francisco Briones R.

El mejor camino

Llegaron las medidas económicas. Mejor tarde que nunca. Había mucha incertidumbre. Muchos negocios y contrataciones se congelaron a causa de la espera de las tan anunciadas reformas.


Hasta la semana pasada era casi un hecho el aumento del IVA del 12% al 15%. La otra opción era la eliminación de los subsidios a los combustibles sin topar el gas. Es decir, o aumentar los ingresos o reducir los gastos del Estado. La decisión final era del presidente Moreno, pero estaba fuera del país.


Finalmente, se decidió por el mejor camino. La eliminación de los subsidios a la gasolina y el diésel es lo más coherente que podía hacer el Gobierno para reducir el gasto público. Aunque en la práctica el efecto sobre los ciudadanos es el mismo, un impacto a su bolsillo, siempre es más sano reducir gastos que aumentar impuestos.


Solo entre 2009 y 2018 los subsidios a las gasolinas y diésel sumaron $18,352 millones. Esto equivale al 45% del déficit fiscal acumulado en el mismo periodo y por los cuales el país tuvo que endeudarse. Un lujo que no podemos tener y del que se beneficiaban en gran medida los estratos económicos más altos.


No cabe duda que habrá impactos en los precios de la economía en general. Evidentemente, la transportación sufrirá más, pues el gasto en combustible representa un tercio de su estructura de costo. Algo similar sucedería con la pesca, que dependen en un 29% del diésel.


Otros sectores afectados serán la fabricación de vidrios y cerámicas, de cemento y el cultivo de cereales, en las que el 20% de sus costos se debe al uso de combustibles. Mientras que en otras actividades como la agricultura e industrias de bebidas el impacto sería menor.

También es importante recordar durante el gobierno anterior se eliminó el subsidio al diésel industrial, por lo que gran parte de este sector ya ha incorporado este costo.


Es decir, los cambios en los precios vendrán sobretodo por los costos adicionales generados por la transportación.


La dolarización y el momento económico también juegan un rol importante. Es más difícil que los precios se muevan demasiado dentro de un panorama con moneda estable y contracción de la demanda. Todo lo contrario del momento del último intento serio de una medida de este tipo, cuando el sucre se devaluaba cada día y la economía atravesaba una fuerte contracción.


De modo que la decisión del Gobierno es la adecuada. Eliminar subsidios es una decisión muy importante. Histórica en un país como el nuestro. Duele, sí. Pero con múltiples beneficios a largo plazo. Es una medida estructural. Favorable con el medio ambiente, golpea al contrabando, transparenta costos productivos, motiva el uso eficiente de la transportación, corrige el derroche de combustibles, reduce el gasto público, etcétera. ¿Quién se puede oponer a esto?


Hay que decirlo. El Presidente tomó el mejor camino. Aumentar el IVA hubiera sido recesivo y peor aún, hubiera seguido escondiendo las ineficiencias fiscales. Pero es solo el inicio. Aún falta mucho por liberar.


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